Miles de personas se congregaron este miércoles en el pueblo fronterizo de Qlayaa, en el sur de Líbano, para despedir al P. Pierre El‑Rahi, un sacerdote maronita que murió tras resultar herido en un ataque israelí durante los recientes ataques en la región.
El funeral se celebró en la iglesia de San Jorge y reunió a multitudes de familias locales, desplazados que se refugiaban en la zona, sacerdotes maronitas de todo el país y autoridades civiles, según el medio The Eastern Church.
Un pastor que decidió quedarse con su rebaño
En medio del recrudecimiento de la violencia en el sur del Líbano, el sacerdote había reiterado su decisión de quedarse con su comunidad, incluso cuando muchos habitantes de la región se veían obligados a abandonar sus hogares.
En una de sus últimas entrevistas televisivas, según recoge el National Catholic Register, afirmó que se quedaría allí “hasta la muerte”.
En su última declaración pública, recogida por France24 el 8 de marzo desde las escaleras de su parroquia, el sacerdote explicó el espíritu con el que la comunidad cristiana afrontaba la crisis.
“Nos vemos obligados a quedarnos a pesar del peligro, cuando defendemos nuestra tierra, y lo hacemos pacíficamente. Ninguno de nosotros portamos armas. Todos llevamos paz, bondad y amor. Todas las iglesias están reunidas, todas las religiones juntas… solo puede ser por la paz”.
Horas antes de morir, el 9 de marzo, volvió a dirigirse a su comunidad con palabras que hoy muchos resuenan como un testamento espiritual: “Sabéis que recorremos el camino de la Pasión; hay muerte, y después de ella, resurrección con nuestro Señor Jesucristo… Estoy dispuesto a morir en mi casa, porque esta es mi casa”.
Murió mientras ayudaba a los heridos
El sacerdote falleció en el hospital de Marjayoun tras sufrir heridas de metralla durante un bombardeo contra una vivienda en Qlayaa.
Según explicó María Lozano, directora de proyectos de la fundación Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), el sacerdote murió mientras trataba de socorrer a las víctimas de un primer impacto. “El P. Pierre acudió a ver cómo podía ayudar a los heridos… y ahí cayó un segundo misil que lo mató”, explicó.
“Era una persona muy dedicada a su gente, muy dedicada a su pueblo”, agregó Lozano en una entrevista con EWTN Noticias.
La responsable de ACN explicó que las comunidades cristianas del sur del Líbano “habían decidido quedarse a pesar de la guerra, diciendo: nosotros somos una población cristiana y no tenemos nada que ver con esta guerra y no nos queremos ir”.
“El padre de la comunidad”
La periodista francesa especializada en Medio Oriente Nathalie Duplan describió al sacerdote como una figura profundamente querida por los habitantes del pueblo.
“Realmente era el padre de la comunidad, un símbolo”, afirmó también en entrevista con EWTN Noticias. “Decía algo increíble: ‘sí, está la muerte, pero no tengo miedo, porque después de la muerte hay resurrección’”.
Según The Eastern Church, los testimonios recogidos tras su muerte coinciden en describir a un hombre cercano, presente y profundamente comprometido con su gente.
Se lo veía frecuentemente en las calles de Qlayaa, visitando enfermos, acompañando a familias en nacimientos y funerales, y conociendo a los niños por su nombre.
El P. El-Rahi nació en 1975 en la aldea de Dibeh, en el norte del Líbano, y fue ordenado sacerdote maronita a comienzos de los 2000.
Su asignación pastoral más significativa fue la parroquia de San Jorge en Qlayaa, donde ejerció su ministerio durante años.
Para muchos habitantes del pueblo, su muerte simboliza la decisión de los cristianos del sur del Líbano de permanecer en su tierra pese a la violencia. Como él mismo dijo en una de sus últimas declaraciones públicas: “Estamos aquí, en nuestra tierra”.
Su nombre en árabe, al-Rahi significa “el pastor”, una curiosidad que el Papa León XIV puso en relieve para describirlo como un “verdadero pastor”. “En árabe, al-Rahi significa pastor. El P. Pierre fue un verdadero pastor, que permaneció siempre junto a su pueblo con el amor y el sacrificio de Jesús, buen pastor”, explicó esta semana.

